

Mirando a la cuesta, la umbrosa alameda de las (Eras del agua), fresco y grato paseo de verano, precedido de una fuente; cerrando el casería, la vieja muralla que trepa hacia al derecha mostrando en sus portillos las heridas que recibiera en la guerra de Sucesión, y frente a la olmeda, la histórica puerta almenada de (La Cadena). Necesidades de la vida moderna obligaron a abrir un boquete en el muro vetusto para dar paso a la carretera y bajando por esta, entre casas nuevas que no desentonar del rancio y noble conjunto, la plazuela de San Felipe con su notable iglesia de gótica portada con reminiscencias románicas; más abajo, el convento de monjas Bernardas, más abajo aún el de Jerónimas, y casi frente al primero una calle breve aportalada que conduce a la evocadora (de las Armas), nacida en la puerta de la Cadena y que desciendo por el Coso hasta la plaza después de varios zigzags, en uno de los cuales llama la atención la fuente blanquina o de los doce caños. Esta es la rua principal de Brihuega, donde se apretujan los pequeños comercios de vieja y simpática silueta, con predominio de los guarnicioneros, cordeleros, boteros y talabarteros,, mezclados a otros más moderno, amplios, ostentosos e insulsos; calle representativa de las antiguas vías castellanas, risueñas dentro de su seriedad, democráticas y a la par hidalgas. Digna de mención es la portada románica de San Miguel, cuya iglesia guarda algún enterramiento interesante.
Desde la plaza, a través de calles estrecha y de típico sabor, otra vez surge la muralla de cintura con la moderna puerta o arco de la Virgen de la Guía abierto en un torreón; hacia la izquierda, el ennegrecido muro semicubierto de yedra, y el barranco por donde se despeñan las aguas de Brihuega, por cuyo boquete asoman sus afiladas siluetas los álamos blancos; a la derecha entre dos machones, la severa puerta del (juego de pelota) que da paso desde la villa al (pradillo de Santa María), antaño patio exterior de la fortaleza; más a la derecha aún, el atrevido arco apuntado de la puerta de Cozagón, que procura acceso a Brihuega desde el campo.
Ya en el pradillo de Santa María, se disfruta la vista del valle del Tajuña, panorama espléndido sobre toda ponderación, contemplado desde esa altura y de innumerables encantos si se le recorre en uno y otro sentido para gozar con sus rincones de ensueño; enfrente, la interesantísima iglesia de Santa María de la Peña, patrona venerada casi hasta la locura por los brihuegos, obra de transición del estilo románico al ojival, con un buen retablo del siglo XVI y muy perjudicada recientemente con una restauración interior hecha con mejor voluntad que gusto.
Cierra por Saliente el pradillo de Santa María la obscura mole del viejo castillo-palacio de los arzobispos, alzado sobre el que como casa de placer edificaron en el siglo Xi los reyes moros de Toledo; una de sus largas naves abovedadas es hoy capilla de la Vera Cruz; su patio exterior colgado sobre la pendiente que baja al Tajuña, fue en los primeros tiempos poético jardín donde los mirtos y arrayanes daría sombra a tranquilas albercas y a surtidores bulliciosos, pero hoy está convertido en cementerio lo mismo que el antiguo patio de honor, cuyas estancias con bóveda de crecería se han transformado en capillas sepulcrales; en una esquina se conserva muy bien la capilla construida a comienzos del siglo XIII por los arzobispos de Toledo, formando al exterior su ábside un robusto cubo perforado en lo alto por tres ventanales adustos de románica traza, cubo o torre del homenaje que visto desde la carretera procura a la vieja y ennegrecida fortaleza un encanto supremo por el recio y evocador conjunto. Aparte los mencionados, quedan otros mucho detalles a Brihuega muy dignos de ser conocidos, pero que no pueden tener cabida en guía tan elemental como ésta; uno he de mencionar, sin embargo, y es la mole de la antigua Fábrica Real de Paños, comenzada a construir por Fernando VI, terminada por Carlos III y muestra del agradecimiento sentido por los Borbones hacia la villa que tan heroicamente contribuyó a que sobre las sienes de Felipe V se afirmara la corona de España.





